
Vuelvo en busca del otoño evidente,

reinicio el paseo en donde lo dejé, en la entrada al "parque", no hace falta decir más, así se llama familiarmente al "Parque de Rosalía de Castro" de Lugo,

árboles centenarios me recuerdan que mi infancia está ligada a él,

lo mismo mi juventud y aunque de distinta forma también lo está ahora mi madurez.

Un palomar curioso que sirve de tejado

a la representación en relieve de un mapa físico de la península ibérica,

cerquita, este rincón acogedor y al fondo hay una zona infantil,

al otro lado las enredaderas cubren un pozo ornamental,

un poco de color lo dan los pensamientos.

En esta fuente central confluyen todos los paseos o calles del parque,

sigo el que me lleva al estanque de aves acuáticas y que hoy está vacío,

cruzo este pequeño puente sobre el estanque

y la soledad del agua hace que recuerde a patos y cisnes, hubo obras y los retiraron, pero me pregunto ¿por qué no los vuelven a traer? y a otras aves que anteriormente desaparecieron...

Desde el mirador aún se puede ver los últimos vestigios de las casetas que se ponen para ir a comer el pulpo durante las fiestas de San Froilán, en el medio existe una escalinata que comunica esta parte alta con la de abajo, una gran arboleda continúa por las llamadas cuestas del parque,

desde la pérgola la vista es espectacular y se divisa el cauce del río Miño.

No podía faltar un templete o "Palco para la Música",

como tampoco el picotear de las palomas,

el crecer de hongos en la parte más húmeda o los montones de hojas por el suelo,

ni tampoco entre la frondosidad del lugar, un monumento al Alcalde D. Ángel López Pérez impulsor de la creación de este parque.

Distinto en esta época

puedo apreciar el colorido del otoño, ese que buscaba cuando empecé el paseo,

pero otras imágenes pueden llamar mi atención, desde siempre lo hacen las raíces de estos gigantes que asoman a la luz

o unas rosas tardías que esperan para saludarme y decirme un ¡hasta pronto!...
Abrazos.


































